A Deep Longing for True Justice: A Letter from Bishop Jennifer

Dear Ones,

Last Sunday, during my visitation at St. Paul’s, Indianapolis, one of the saints in that congregation asked me how I was doing during these long days in which the deaths of Black and brown people at the hands of police are a daily news story. Now that Derek Chauvin has been found guilty on all counts for the murder of George Floyd, I want to tell you how I answered that question.

One day shortly before the trial began, I realized that in the busyness of the last few months, I had let my license plates expire. It put the fear of God into me. As soon as I realized what I had done, I immediately rearranged my day to get to the Bureau of Motor Vehicles. On the way, I had to explain to my ten-year-old son why I was shaking as I was driving, and why we had to go right then, urgently, with no delays.

And then, a few days later, fueled by the dread that every Black mother carries in her heart, I talked with my son again. I told him that in just a few years when he learns to drive, he must never, ever, for any reason, let his tags expire, and I told him why. My soul is still in anguish at the need to warn my son against what awaits him in the world.

This trial has been a very personal issue for me, and for many other Black people. I wish it weren’t. I am relieved that Derek Chauvin has been held accountable for the murder of George Floyd. But accountability is not the same thing as justice, and it will not bring George Floyd back to those who loved him.

Tonight, fresh with relief at the verdict, I am aware of my deep longing for true justice, the kind that becomes possible when people like us promise to stand with the vulnerable and marginalized to transform systems of injustice. When we do that, we are committing ourselves to creating a world in which young men can learn to drive without their mothers fearing for their lives. When you dedicate yourselves to this work, you mean that you want your bishop to be able to drive to the BMV without panic, even on expired tags. When we stand together as beacons of Christ, we are saying that we want communities in which the public safety system protects the lives of all of God’s people and in which we no longer need to learn the names of those who have been taken from us by police.

In the days to come, many of you will want to show up and stand in solidarity with our allies. I pray that you do so peacefully, with hearts bent on justice and mercy, and with your eye on the Beloved Community we long to be.

Thank you for your witness, this Eastertide and always.

Faithfully,

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Queridos Hermanos,

El domingo pasado, durante mi visitación a St. Paul’s, Indianapolis, uno de los santos en esa congregación me preguntó cómo estaba durante estos días largos en que las muertes de gente negra y morena por parte de la policía están en las noticias diariamente. Ahora que Derek Chauvin ha sido declarado culpable en todos los cargos por el homicidio de George Floyd, quiero decirles cómo respondí.

Un día poco antes que comenzaba el juicio, me di cuenta de que en los días muy ocupados de los últimos meses, dejé que mi matrícula se venciera. Me puso el temor de Dios en mí. Tan pronto como me di cuenta de lo que había hecho, inmediatamente reorganicé mi día para ir a la Oficina de Vehículos Motorizados (BMV por sus siglas en inglés). En el camino, tuve que explicarle a mi hijo de diez años por qué yo estaba temblando mientras conducía, y por qué teníamos que irnos en aquel momento, urgentemente, sin demora.

Y luego, algunos días después, impulsada por el miedo que cada madre negra lleva en su corazón, hablé con mi hijo de nuevo. Le dije que en solo algunos años cuando aprenda a conducir, él nunca debe, por ninguna razón, dejar que su matrícula se venza, y le dije por qué. Mi alma todavía está atormentada sobre la necesidad de avisarle a mi hijo lo que le espera en el mundo.

Este juicio ha sido un asunto muy personal para mí, y para muchas personas negras. Deseo que no fuera así. Estoy aliviada que Derek Chauvin has sido responsabilizado por el homicidio de George Floyd. Pero la responsabilidad no es lo mismo que la justicia, y no resucitará a George Floyd para aquellos que lo amaban.

Esta noche, fresca con alivio al veredicto, soy consiente de mi anhelo profundo por justicia verdadera, el tipo que se hace posible cuando gente como nosotros promete apoyar a los vulnerables y marginalizados para transformar sistemas de injusticia. Cuando hacemos eso, nos comprometemos a crear un mundo en que los jóvenes pueden aprender a conducir sin que sus madres teman por sus vidas. Cuando se dedican a este trabajo, implica que quieren que su obispa pueda conducir a la BMV sin pánico, incluso con matrícula vencida. Cuando nos unimos como ejemplos de Cristo, estamos diciendo que queremos comunidades en las que el sistema de seguridad pública proteja las vidas de todo el pueblo de Dios y en que ya no es necesario aprender los nombres de todos los que nos han quitado por parte de la policía.

En los próximos días, muchos de ustedes querrán presentarse y expresar su solidaridad con nuestros aliados. Ruego que lo hagan en paz, con corazones inclinados para la justicia y misericordia, y con su vistazo en la Comunidad Amada que anhelamos ser.

Gracias por su testigo, esta Pascua y por siempre.

Fielmente,